El gol de Ferran Torres decidió la final del Mundial. Sin embargo, una final no se explica solo por una jugada. Analizamos cómo fue evolucionando el encuentro hasta el 1-0 que dio a España la segunda estrella.
Más allá del minuto 105: Una mirada a la final del Mundial entre España y Argentina

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Dentro de unos años, cuando alguien recuerde la final del Mundial de 2026, probablemente piense en la misma imagen: Ferran Torres celebrando el gol que dio a España la segunda estrella. Las finales suelen quedarse en la memoria por un instante concreto. Un remate, una parada o una acción que termina inclinando el marcador.
Cuando Ferran marcó en la prórroga, la final llevaba más de cien minutos construyéndose. A lo largo de ese tiempo, el encuentro fue dejando señales que ayudan a entender cómo evolucionó el partido antes del gol decisivo. La primera de esas señales aparece al analizar el territorio en el que se disputó buena parte de la final, algo que se aprecia con claridad al observar dónde defendió cada selección.
(Gráfico HEATMAP) – La batalla por el territorio

Uno de los aspectos más interesantes del encuentro no fue tanto quién tuvo más el balón, sino dónde consiguió recuperarlo. España defendió con una altura media de 66,3 metros, mientras que la de Argentina se situó en torno a los 45,9 metros. No se trata únicamente de una cifra. Esa diferencia refleja que el conjunto de Luis de la Fuente consiguió sostener durante muchos minutos una presión más adelantada y recuperar el balón en zonas desde las que resultaba más sencillo volver a atacar.
El mapa de intervenciones defensivas también invita a esa lectura. España concentró buena parte de su actividad en campo rival y en zonas interiores, mientras que Argentina acumuló más acciones cerca de su propia área. Ninguno de los dos planteamientos es, por definición, mejor que el otro, pero sí condiciona el escenario en el que se desarrolla el partido. Y ese escenario también influye en la forma en la que cada equipo consigue generar peligro.
(Gráfico de xG) – Cómo fue creciendo el peligro

Ese mayor protagonismo en campo rival también tuvo reflejo en la generación de ocasiones. El gráfico de xG muestra cómo España fue aumentando su amenaza ofensiva con el paso de los minutos. El equipo fue generando ocasiones en distintas fases del encuentro hasta alcanzar los 2,34 goles esperados. Argentina, por su parte, apenas consiguió generar peligro durante buena parte de la final. Sus principales ocasiones llegaron en el tramo final, cuando buscó con más insistencia el empate, cerrando el encuentro con un total de 0,38 xG.
Esto no significa que el resultado estuviera escrito antes del minuto 105. Las finales son, probablemente, el mejor ejemplo de que basta una acción para cambiarlo todo.
Lo que sí parece sugerir el desarrollo del encuentro es que, conforme avanzaban los minutos, España conseguía instalar el juego cada vez con mayor frecuencia en campo rival. El equipo encontraba continuidad, enlazaba posesiones largas y obligaba a Argentina a defender durante más tiempo cerca de su área.
En ese contexto también tuvo influencia la expulsión de Enzo Fernández en el tramo final del tiempo reglamentario. Jugar la prórroga con un futbolista menos obligó a Argentina a multiplicar sus esfuerzos defensivos y dificultó aún más la posibilidad de alejar el juego de su propia área. Más que cambiar el rumbo del encuentro, la inferioridad numérica pareció reforzar una tendencia que ya venía apreciándose durante el encuentro.
Aun así, Argentina consiguió sostener el empate durante buena parte de la final. Su organización defensiva le permitió resistir el dominio territorial español y mantener viva la posibilidad de que el desenlace llegara en una acción aislada o incluso en la tanda de penaltis. Sin embargo, observados en conjunto, los datos invitan a pensar que el escenario del partido fue acercándose poco a poco al que buscaba España.
Y esa evolución encuentra un buen ejemplo en la jugada del 1-0.
(Gráfico Secuencia del Gol) – La jugada que decidió el Mundial

Muchas veces se habla del gol como una acción aislada. En este caso, más allá del remate de Ferran Torres, la secuencia permite observar varios de los comportamientos que España había repetido durante el encuentro.
La posesión nace con una recuperación de Cucurella y, a partir de ahí, España enlaza una larga secuencia de pases y conducciones que le permite progresar hasta el área rival sin perder el control de la jugada. Cubarsí progresa con el balón, Zubimendi conecta con Lamine Yamal entre líneas, Pedro Porro da amplitud por fuera, Nico Williams encuentra el último pase y Ferran aparece para finalizar la acción.
No es una transición rápida ni una jugada nacida del desorden. Es una posesión paciente, con movilidad, cambios de altura y ocupación racional de los espacios.
Evidentemente, una única acción no resume una final. Pero sí refleja varios de los comportamientos que España había repetido durante buena parte del encuentro: recuperar el balón en zonas avanzadas, tener continuidad con balón y encontrar ventajas antes de atacar el área.
Quizá esa sea una de las principales conclusiones que deja el análisis del partido. El gol de Ferran Torres decidió el resultado, pero la final había ido cambiando poco a poco mucho antes de que llegara ese momento.
Los datos no permiten afirmar que un equipo merezca ganar un partido. Tampoco sustituyen todo aquello que hace imprevisible al fútbol. Lo que sí ofrecen es otra forma de mirar el partido. En este caso, ayudan a entender cómo una final que terminó resolviéndose en la prórroga fue inclinándose poco a poco hasta desembocar en el gol que decidió el Mundial.
